Bio

INFANCIA

Mi relación con la pintura es antigua, pues desde niña ando lidiando con lápices y pinceles.

Mi tía Maruja  era pintora. Yo me pasaba las horas mirando los detalles de sus cuadros, algunos de ellos copias de Rafael y Velázquez. Estaban colgados en la casa familiar de las Alpujarras, que yo visitaba durante los veranos. También mi padre fue un importante estímulo para mi imaginación. Nos contaba cuentos que podían durar incluso, dos o tres horas. Este es uno de los mejores recuerdos de mi infancia: mi padre narrándonos a mi hermano y a mí historias inventadas por él, que se alargaban en el tiempo indefinidamente.

En estos relatos había siempre un elemento que no podía faltar: la varita de virtud, como él la llamaba.

Era este un instrumento mágico, que sacaba a los protagonistas de todo tipo de aprietos. Tenía el poder de transformar la realidad, dura y desolada, en algo maravilloso. ¿Qué mejor regalo me pudo hacer mi padre que estos cuentos fantásticos? Siento, por esta y otras muchas razones, una profunda ternura y un profundo agradecimiento hacia él, porque supo estimular mi imaginación e incorporar a mi realidad el elemento mágico, que tanto poder transformador tiene en la vida del ser humano.

ADOLESCENCIA Y UNIVERSIDAD

También mi familia, en especial mi madre, favoreció mi gusto por la pintura, pues era una afición bastante valorada en casa. Además, yo era la encargada de hacer los cuadros para los regalos de boda, cuando alguno de mis primos o tíos se casaba y tenía que decorar su casa.

El único inconveniente de esta actividad era que, si alguno de estos lienzos tenía mucho éxito, debía repetirlo para complacer las demandas familiares. Hubo alguno que reproduje hasta cuatro o cinco veces. Creo que esto me ha llevado a sentir cierto tipo de rechazo ante cualquier  presión a la hora de crear. Incluso en el terreno del grabado, siempre he preferido hacer monotipos para así evitar la pesada tarea de la repetición de ejemplares.

Durante esos años, tuve la suerte de conocer a un magnífico profesor, don Armando, que favoreció mi curiosidad por la pintura y  me dispensó un trato especial, pues durante más de un año me fue prestando todos los tomos de su extensa colección de arte contemporáneo. Cada libro estaba dedicado a un museo, así que pude pasear por muchas ciudades descubriendo a Picasso, Miró, Kandinsky, Klee…Me quedé fascinada ante un mundo tan rico en sugerencias y estímulos visuales. Tendría yo en ese momento unos 15 años, pero aún recuerdo los momentos que pasé en la compañía, imaginaria, de estos artistas.

Las dos primeras exposiciones las hice en mis años de universidad, en la ciudad de Granada. La primera, en el Colegio Mayor Fray Luis de Granada; la segunda, en la galería Romero de Biedma, situada en una calle cercana a la Plaza Mariana Pineda.

Poco después de acabar la carrera, recibí una beca para grabar en la Fundación Rodríguez Acosta de Granada. Allí estuve varios meses grabando.

MADUREZ

(llamémosle así)

Después vinieron nuevos cursos y nuevas experiencias.

TRABAJOS DE LOS ÚLTIMOS AÑOS

En los últimos años me he dedicado al grabado y, especialmente, al collage, con distinto materiales.

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